lunes, 17 de octubre de 2011

A DON RICARDO FOMBUENA VIDAL, IN MEMORIAM.

NECROLÓGICA:
Acerca de un personaje local -poeta y escritor- enamorado del Rincón de Ademuz y de sus gentes.


El pasado domingo, 9 de octubre de 2011, falleció en Madrid don Ricardo Fombuena Vidal (Barcelona, 1924). Su defunción se produjo en el contexto de una senectud avanzada, con los achaques propios de la edad; no en vano la enfermedad y la vejez son hermanas de la muerte...


Don Ricardo Fombuena Vidal (Barcelona, 1924-Madrid, 2011).

Ricardo –como le gustaba ser llamado- era hijo de Daniel, funcionario del Ministerio de Hacienda y de Teresa, nieta del fundador de los ferrocarriles de Sarriá (Barcelona). Se hallaba vinculado a Torrebaja (Valencia) por su abuelo paterno –Daniel Fombuena Casino-, natural de Torrebaja y con ascendientes en Libros y Villel (Teruel), y por su casamiento con Marina Licer Esparza, de Torrebaja. Había nacido en Barcelona, pero, siendo todavía muy niño, la familia se trasladó a Madrid, donde su abuelo fundó un conocido laboratorio enológico frente al Museo del Prado.

Cuando llegó su jubilación decidió abandonar Madrid y venirse con su esposa a Torrebaja, donde pasó los mejores años de su madurez, plena y provechosamente, dedicado a escribir y a disfrutar de la tranquilidad que aquí se respira, alejado de la gran ciudad, sin descuidar sus amistades ni su compromiso ciudadano, pues fue Cronista Oficial de Torrebaja (1989) y Juez de Paz municipal durante casi dos legislaturas (1987-93).

Don Ricardo Fombuena Vidal, con el autor (Torrebaja, 2008).


Yo le conocía desde niño, pues nuestras familias tuvieron siempre buena relación; propiamente, sin embargo, nuestra amistad se estableció cuando vino al pueblo por su retiro. Nos tratábamos con frecuencia y pasábamos horas charlando, unas veces en mi casa y otras en la suya: poseía un pequeño patio con flores en la parte posterior, donde tenía instalada su biblioteca: allí, rodeado de sus libros era feliz, hasta el punto de poder aplicársele aquella cita de Cicerón: “Si apud bibliothecam hortulum habes, nihil deerit”, ¿Qué más quieres si tienes una biblioteca que abre a un pequeño jardín?

Durante nuestras conversaciones me hablaba de sus recuerdos de infancia en Madrid, de los veranos que pasaba en las Navas del Marqués (Ávila), de sus juegos y diabluras con los niños de la pandilla. Cuando la Guerra Civil (1936-39) fue evacuado a Cocentaina (Valencia) con los niños de su colegio; allí pasó los años de la incivil contienda, que para él fueron como unas largas vacaciones. De regreso a Madrid, hizo el Bachillerato en el instituto "Cervantes" de la capital, luego estudió Comercio Mercantil y Enología, para hacerse cargo del laboratorio de su abuelo.

Soneto en un plafón cerámico situado en la fachada de la casa del poeta en Torrebaja (Valencia).


Asimismo, me hablaba de su afición literaria, y de los círculos que frecuentaba, llegando a ser secretario de la “Peña de Artistas y Escritores”, que tenía su sede en el célebre “Café Pombo”, donde la tuvo Ramón Gómez de la Serna; allí se conservaba el célebre cuadro de Gutiérrez Solana representando a los contertulios. Participó también en otros cenáculos, como la del poeta Eduardo Alonso, que la tenía en el “Café Varela”; formó parte del grupo “El Gallo de Oro” una agrupación poética que se reunía en los sótanos del famoso “Chicote” de la Gran Vía: de ahí le venía su amistad con Julia Sánz Gadea, hermana del doctor que da nombre a una de las avenidas del ensanche turolense.[1] Ricardo era lo que se dice “una enciclopedia andante”, había conocido y se relacionaba epistolarmente con mucha gente, y conocía un sinfín de historias y anécdotas que acertaba contar en el momento oportuno, pues tenía una memoria admirable. Pocas veces discutimos, pero cuando lo hacíamos era por cuestiones de política, tema en el que no nos poníamos de acuerdo; sin duda, teníamos una visión distinta del acontecer histórico...

Entre sus obras, se cuentan una decena de libros:
-         “Pinceladas por la Sierra de Albarracín” (Madrid, 1980), libro de viajes.
-         “Vinofilia” (Madrid, 1984), manual de enología.
-         “Rimaral” (Madrid, 1988), libro de poemas dedicado a sus hijos: Ricardo, Marina y Alberto.
-         “Torrebaja, historia de un mayorazgo” (Torrebaja, s/f), libro en prosa que incluye un poemario.
-         “Guadalturia” (Madrid, 1993), libro de viajes.
-         “Los pájaros de mi Rincón” (Valencia, 1996), poemario.
-         “Torrebaja en el Rincón de Ademuz” (Valencia, 1997), libro en prosa que incluye un poemario.
-         “Una gota por el Turia, el poema del río” (Valencia, 2002), libro de viajes.
-         “Vidamor, los amantes de Teruel y otros poemas” (Madrid, 2006), poemario.
-         “Mis huellas por el Rincón de Ademuz” (Valencia, 2008), su testamento poético.

 
El libro “Vidamor”, su primer poemario y “Los pájaros de mi Rincón” fueron prologados por el laureado poeta y premio “Cervantes” (1998) José Hierro (1922-2002), al que siempre citaba como Pepe Hierro y del que fue ferviente admirador y amigo. Como Cronista Oficial de la Mancomunidad de Municipios del Rincón de Ademuz, me hizo el honor de que le prologara dos de sus títulos: “Una gota por el Turia...” (2002) y “Mis huellas por el Rincón de Ademuz” (2008), vinculando así mi nombre a sus escritos como prueba de amistad y agradecimiento. Su trabajo literario le valió para ser nombrado “Hijo Adoptivo” por el Ayuntamiento de Torrebaja (1994).

 Hoy, en esta hora triste de las alabanzas, invoco su amor por el Rincón de Ademuz (en general) y por Torrebaja (en particular), tierra cuyas lindezas cantaron sus poemas en innumerables ocasiones. Junto a la fuente de los Pobres en Torrebaja hay un panel cerámico con un soneto de Ricardo, que dice:
 
TORREBAJA del alma, surtidor
donde brota el nacer de cada día,
el pan nuestro por nuestra escenografía,
con gesto maternal, nos das amor,

pues naciste de la hoja y en la flor,
de ese sueño feliz y esa alegría
que dice del lugar hecho poesía
del paisaje, del árbol y el rumor

de un agua que en tu tierra se derrama
al saber que es amor como se llama:
¡TORREBAJA, en la rosa del camino!

Y en la esencia del poema, que a tu sombra,
palpita de emoción cuando te nombra,
uniendo con lo humano, lo divino.

En algunas de mis publicaciones anteriores figuran también noticias y comentarios referentes a sus libros: Ricardo Fombuena Vidal, “el poeta del Rincón por excelencia” y “Vidamor, esencia de poesía”, plasmando mi personal homenaje a su persona y obra.[2] Recientemente, en la fachada de su casa de Torrebaja colocaron un plafón cerámico con otro bellísimo poema de celebración a esta tierra.[3] Asimismo, en el atrio del Cementerio Municipal de Torrebaja, donde manifestó su deseo de ser inhumado, figura otra composición poética titulada “A vosotros” –refiriéndose a los difuntos que allí yacen-:

Casual encuentro fuimos en la vida,
dolor del pensamiento en un suspiro
cuando en rejas del ser al “no ser” miro
aferrado a mi pena en tu partida.

¿Por qué el beso o una lágrima sentida
no podrán dar al mundo un nuevo giro
conseguir esa llave a la que aspiro
abriendo esta razón incomprendida?

Seguir sintiendo el alma del que “ha sido”
confusa realidad sin su presencia,
saber dentro de mi, su contenido,

sentir que todavía la existencia
acompaña a mi ser con su latido,
cariño en el recuerdo como herencia.

Durante las Fiestas Patronales (2011), el Ayuntamiento de Torrebaja me honró requiriéndome  para hacerle entrega de una placa en homenaje a su labor literaria, placa que recogió y agradeció su nieta, leyendo unas palabras de su abuelo. Según dije en aquel acto, la última vez que vi a Ricardo fue el pasado invierno: vino a mi casa y estuvimos hablando unos momentos, porque él ya no me oía; antes de marcharse nos miramos a lo más profundo durante unos segundos y en aquella mirada ambos supimos que se encerraba nuestra despedida en esta vida...


Don Ricardo Fombuena Vidal (Torrebaja, 2010), última fotografía del poeta.

            Ricardo Fombuena Vidal será enterrado en su Torrebaja querida -la tierra que le adoptó como hijo-, junto a las cenizas de su esposa: no sé si creía en la eternidad de la otra vida, pero sí en el amor; porque, como ya advirtiera su amigo Pepe Hierro, “amor era su palabra preferente”, y Dios es amor. En todo caso, descansa en paz, amigo, y como diría el clásico, sit tibi terra levis, que la tierra te sea leve... Amen.

© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).


 NOTAS:
[1] SÁNCHEZ GARZÓN, A., Desde el Rincón de Ademuz, Valencia, 2000, pp. 228-231.
[2] SÁNCHEZ GARZÓN, A., Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2008, vol. II, pp. 197-199.
[3] TORREBAJA abundante en hermosura/ nos siembra en un soneto su simiente/ y brota con belleza por la mente/ al lucir el paisaje en su figura.// Nos lo dice la brisa que murmura,/ y el Turia nos lo cuenta en su corriente,/ con rumor del cariño que se siente/ al nacer de una tierra en escultura.// Tan perenne en la sombra del recuerdo/ por tu jardín nostálgico me pierdo,/ en él he oído cantar mil ruiseñores.// Y he sentido la vida al poder ver/ a este valle entre monte y entre flores,/ con su eterna poesía y mi querer.//

Vista parcial del Cementerio Municipal de Torrebaja (Valencia), donde está inhumado el poeta.

Panteón familiar en el cementerio municipal de Torrebaja (Valencia), donde descansan los restos mortales de don Ricardo Fombuena Vidal y de su esposa, la señora Marina Licer Esparza.
Detalle de la lápida de don Ricardo Fombuena Vidal y de su esposa, en el Cementerio Municipal de Torrebaja (Valencia).

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